martes, 31 de marzo de 2015

Magia del mar

Gatsby. Así soy yo. Si me lo preguntas hoy, esta tarde de abril bajo el cielo anaranjado de Madrid, te diría que, efectivamente, soy Gatsby. Llámalo evocación, reencarnación, imaginación, identificación. Me da igual el término. Yo me siento Gatsby lo denomines como lo denomines. Mientras respiro el olor del calor que entra por mi ventana, cierro los ojos y repito, soy Gatsby, soy Gatsby, soy Gatsby... Su espíritu me ha invadido por dentro, justo por la zona del pecho, oprimiéndome y dejándose notar especialmente por las tardes, a la hora del atardecer, frente a la ventana de mi habitación. Es entonces cuando Gatsby, en mi interior, golpea y lucha por salir a la luz, gime y se mofa de que ha conseguido entrar, me acusa de no saber echarle y amenaza con irrumpir en mi mente con los recuerdos del pasado, a los que se agarra para sobrevivir dentro de mí. Es en ese momento cuando embobada miro el cielo primaveral, e intento hacer caso omiso de Gatsby, sin éxito. Él sabe que le escucho, y, aunque no le permito dejarse ver, representa en el pequeño teatro de mi alma todas las escenas que ha arrastrado consigo para hacerme daño, para resucitar. 
Sé que debo deshacerme de él, depurar mis recuerdos para que se desvanezca de una vez por todas... Pero, por más que intento tejer nuevas vivencias, pensamientos, experiencias, Gatsby permanece, como una sombra que ha aparecido para ligarse a su amo por siempre jamás. 
Su forma de vivir en mi alma es traicionera. Con perfidia me hipnotiza para que me sumerja y contemple las imágenes color pastel que conformaron lo que una vez fui, y que él se empeña en recordarme. Las imágenes desgastadas y deslumbrantes de una infancia que se escapa por momentos, y que, cual Dafne, jamás podré atrapar, aun corriendo con todas mis fuerzas y ansias apolíneas... Gatsby me recuerda que lo que persigo es lo que he vivido, y pasa a mostrarme con una sonrisa malvada los fotogramas de lo que parece ser un faro eterno de color blanco, que contempla el amanecer de una ciudad bañada por el mar calmo y salado del Mediterráneo. La ciudad se despereza entre el suave rumor de las conchas deslizándose junto a la orilla del mar, las primeras tumbonas que se aventuran a estrenar la jornada de playa, los negocios abriendo, las ranitas del parque salpicando a modo de fuentes sus azulejos históricos, los primeros churros y porras de la mañana sirviéndose junto a chocolate caliente... la ciudad ha revivido tras su sueño nocturno.
Gatsby me toca el hombro y me señala el desayuno sobre la mesa de la terraza, ya preparado bajo el reluciente sol andaluz, y me siento para contemplar una vez más el mar que une nuestra variopinta ciudad con otro continente... La superficie brilla y llama la atención de gaviotas que se aventuran a probar suerte e intentar desayunar, sumergiendo su pico con rapidez en alguna ola fortuita que pasa. Gatsby me sigue molestando, y me señala esta vez a una versión más pequeña, más inocente de mi persona, que, de la mano de su abuelo, degusta el delicioso chupa-chups que le acaba de regalar tras bajar a por el periódico. Juntos se sientan a mi vera para sorber el colacao, una sobre el regazo del otro, mecidos por la brisa marina con olor salado, y contemplados por un sol radiante, testigo de una vida que pronto echará en falta esos momentos tan dulces y lejanos.
- Es hora de irse...
Gatsby me devuelve a la realidad, sentada en mi habitación frente a la ventana, contemplando ensimismada y con la mano en el pecho, el cielo anaranjado de Madrid. Gatsby sigue ahí, fiero y dispuesto a arrastrarme de nuevo a los recuerdos, los cuales supusieron su propia perdición. Espero que de todas formas no supongan también la mía... Antes de abrir los ojos para regresar a mi rutina, vuelvo a agarrar una vez más las manos cálidas de mis abuelos, mientras contemplamos desde aquella terraza nuestro lugar favorito en el mundo... "¡Oh, ciudad encantada por la magia del mar!".


lunes, 2 de marzo de 2015

Imaginando dragones...


Cuando éramos pequeños, en casa jugábamos a aprender una palabra nueva cada noche. Una de ellas se me grabó a fuego en el alma, de tan gran impresión que me causó, y desde entonces jamás se me olvidaría, aunque no fue sino hasta hace unas semanas cuando la entendí por completo. "Inefable", según me enseñaron en estas caseras lecciones de vida, se dice de aquello que no puede ser expresado con palabras, explicado, o comunicado, de tan perfecto y superior que es para nuestro limitado alfabeto. Inefable... como yo he sido siempre una amante de las palabras, este término no tenía sentido para mí, hasta que descubrí  a Imagine Dragons y degusté desde hace tan solo una semana su nuevo y segundo álbum, Smoke + Mirrors. Primero, dejad que os invite a escuchar una de mis canciones favoritas, la que abre el disco y que ha sido brillantemente ilustrada por el artista Tim Cantor... Shots.


Mi generación parece ser arrastrada por las "modas" que marcan las cadenas de radio juveniles que no cesan de emitir mil canciones iguales, con las mismas voces de niños gritones, las mismas melodías sin sentimiento ni profundidad, y las mismas muñecas vestidas con la misma ropa y cantando las mismas letras superficiales con ritmos que, puede que una o dos veces sean pegadizos, pero que al enésimo plagio ya ralla en lo absurdo y repetitivo... Quedan, desgraciadamente, demasiado lejos los años setenta y ochenta, con su música variada, innovadora y de verdad "bailable", que te llegaba al corazón y te hacía vibrar o dar saltos por la pista de baile... Había comenzado a perder la fe en la música de mi generación cuando, a modo de salvación, fui iluminada por los "inefables" Imagine Dragons.
Como indica el adjetivo, su música es tan fuera de serie que resulta indescriptible, pero, aun así, intentaré transmitir lo que siento al escucharla.
No tres, ni cinco, ni diez, sino absolutamente todas las canciones de Imagine Dragons, sin duda alguna, son perfectas... Son tan variadas, y con unos ritmos tan diversos, tan llenos de vida y personalidad, que no te cansas de escucharlas una y otra vez... Ya sea Summer, The Unknown o Polaroid y su animada letra acerca del amor y la pareja, o Shots, Dream o Hopeless Opus y su existencialismo, o incluso It comes back to you y su ritmo relajado que invita a cerrar los ojos y reflexionar, todas ellas son adictivas, pues no rascan un solo tema hasta agotarlo sino que de forma magistral acarician temas diversos, explorando de esta forma todas las dimensiones del ser humano y ello lo transmiten en sus discos, como si de una antología de la vida se tratara. Así pues, Imagine Dragons pule al detalle la composición de sus canciones, hasta hacerlas hermosas, rebosantes de vida y sentimiento, que es lo que debe transmitir una canción...



Por otra parte, la voz única de Dan Reynolds, los vitales golpes de baqueta de Daniel Platzman, y los imaginativos acordes electrónicos del bajista Ben McKee y del guitarrista Wayne Sermon, se combinan de la mejor forma posible para crear un gigante interpretativo. Los cambios bruscos de ritmo, los tonos electrizantes, los gritos implorantes combinados con dulces susurros, los golpes de batería que marcan un ritmo dinámico y casi mágico, y el acompañamiento de voces, palmadas y efectos exóticos, innovadores e inesperados... todo ello supone un antes y después en mi forma de escuchar música. Es demasiado extraordinario para ser expresado con palabras, y aquí repito el término "inefable", pues solo escuchando sus temas se puede comprender lo dedicados que están a su grupo y sus canciones, cómo las cuidan y cómo las hacen llegar de forma magistral al mundo para formar parte de la banda sonora de nuestras vidas. No es de extrañar, por tanto, que su público, al dejarse llevar por los sonidos envolventes de Imagine Dragons, despliegue unas alas invisibles y se eleve más y más alto, dejando atrás el presente monótono para alcanzar el mundo colorido e imaginativo que dibujan las canciones de la banda.
Finalmente, solo me queda destacar que los vídeos que graban reflejan a la perfección su estética y personalidad. El videoclip de Shots, que os he invitado a disfrutar al principio, fue creado por Tim Cantor de forma que plasma a la perfección la imaginación  y el mundo onírico en el que ahonda Imagine Dragons en este nuevo álbum; por otra parte, el que cierra esta entrada, On top of the world, forma parte de su épico disco debut Night Visions y transmite la fuerza, energía y explosión de sensaciones con la que comenzaron en 2012, así como sus influencias setenteras de la mano de The Beatles.
Espero que os haya gustado esta entrada y que os haya hecho llegar la emoción que siento yo misma al escuchar cualquier tema de Imagine Dragons, a los cuales, sin duda alguna, os recomiendo encarecidamente dedicar vuestro tiempo.



viernes, 30 de enero de 2015

The Walking Dead

Hace tiempo escribí una entrada acerca de la exitosa película Django Desencadenado, de Tarantino. En mi reseña argumenté muy a favor de dicho film ya que, además de todas las características que hacen de éste una obra maestra, consiguió provocar en mí un cambio en mi forma de ver cine, cosa que pocas películas consiguen... Desde que apagué el televisor tras degustar esta brillante película, no he vuelto a ser la misma cinéfila de siempre... En cierto sentido, crecí, pegué un estirón cinéfilo...
Comencé a exigirme más en cuestiones de series y películas. Ya habían quedado muy atrás las sagas juveniles tipo Los Juegos Del Hambre o las comedias románticas al estilo de Crazy Stupid Love que, de un día para otro, dejaron de parecerme entretenidas y merecedoras del escaso tiempo del que disponemos para sentarnos frente a una pantalla. De un día para otro, las series a las que estaba enganchada, como Crónicas Vampíricas , dejaron de ser suficientes para mí. Cual "caminante" con hambre insaciable, ansiaba material de más calidad, de más profundidad, de más estilo Tarantino... algo que quebrantara las leyes de la televisión y me planteara un reto. Algo trangresor y novedoso, irrepetible y único, salvaje y sin escrúpulos. Y, de repente, lo encontré.


Ya había intentado probar una dosis de The Walking Dead hacía años, bajo recomendación de mi prima, experta en este tipo de series. Sin embargo, mi todavía inexperto estómago no consiguió resistir a la experiencia. Hace varios meses volví a intentar acabar un capítulo sin apartar la mirada de la pantalla. Como Tarantino me había curtido de sobra, no solo superé la prueba y dejé de imaginarme que un zombi entraba por la ventana, sino que encontré lo que andaba buscando: una serie de calidad, que cumplía mis altas expectativas y anhelos. Me enganché sin remedio y, a día de hoy, ya he engullido con ferocidad las cuatro temporadas y media que ha emitido la cadena AMC y estoy a la ferviente espera de que su creador Kirkman estrene la segunda mitad de la quinta la semana que viene.
¿Por qué me ha encandilado tanto esta serie que, aparentemente, solo se basa en gore y zombis a diestro y siniestro?
Fácil respuesta: ésta es una serie de "fuera de serie". Son un conjunto de elementos perfectamente combinados los que hacen que la serie The Walking Dead sea altamente recomendable para amantes de la aventura y el riesgo televisivo.
Por una parte, Robert Kirkman, creador de los cómics en los que se basa la serie y, por consiguiente, guionista y productor, ha hecho una labor asombrosa con la trama, los personajes, los diálogos y los desenlaces. Cada temporada explora con precisión el crecimiento emocional de los personajes y sus emociones, sentimientos y percepciones más profundos, permitiendo al espectador participar del apocalipsis zombi que vaticina la serie de forma casi real. Además, los nudos que va enredando Kirkman entre los protagonistas son complejos y exige no apartar la atención de la pantalla un solo momento para entenderlos, lo que crea ese ambiente de suspense y tensión que tanto nos gusta a sus seguidores... Cada vez que alguien me pregunta por qué veo esas cosas, respondo que lo que me gusta no es ver "caminantes" en sí, sino cómo viven los sobrevivientes esa experiencia, cómo reacciona la parte más natural del ser humano a las situaciones límite...
Por otra parte, la trama es conjugada con una ambientación y fotografía que pocas series de ficción consiguen... Cada plano de cada episodio transmite a la perfección la imagen de devastación, soledad y caos que se pretende hacer llegar al espectador. Esta imagen también es transmitida, cómo no, por el asombroso maquillaje de los "caminantes", razón por la cual tuve que dejar de ver la serie la primera vez que me sumergí en ella. Y no solo el maquillaje de los zombis es el más logrado; la imagen de los protagonistas está cuidada hasta el extremo, mostrando el paso del tiempo y el cambio de personalidad de cada uno. Además, y virando hacia otro tema que también valoro mucho en la televisión, la banda sonora que acompaña a los personajes en su lucha por sobrevivir es realmente estimulante, pues al escucharla, en especial la de apertura, se genera en el interior del espectador la necesidad de seguir viendo más The Walking Dead, más historia, más aventura.
Ahora solo me queda recomendaros que deis una oportunidad a esta serie, como ya dije al principio, "fuera de serie", pues seguro no os decepcionará. Eso sí, si sois muy sensibles a la sangre, o de estómago frágil, tened cuidado con los "caminantes"...



martes, 30 de diciembre de 2014

Porque es Navidad...

La Navidad. Esa época del año que todos esperamos con ilusión, ya sea por unas razones o por otras... Ese momento de reencuentro, de diversión, de cariño... Esa curiosa mezcla de sensaciones que tanto nos gusta y tanto ansiamos durante el resto del año, aunque algunos lo nieguen con fervor... En el fondo, a todos nos gusta sentir la Navidad...

                               

Viajar en el coche con la familia y cantar juntos al son del disco navideño que cada año ve la luz solo por unos días, pero que nadie se atreve a cambiar por otro distinto...
Abrazar a los familiares y amigos que hacía tiempo que no veías, sentir su cariño, su afecto, su emoción al tenerte entre sus brazos...
Pasear por las calles repletas de rostros felices y satisfechos, mientras contemplas los refulgentes motivos navideños que revisten farolas, escaparates, cornisas, y todo aquello que pueda ser engalanado, y escuchas el incesante murmullo de la vitalidad y el jolgorio, que suele acompañar estas fechas y que revitaliza el espíritu...
Recordar tu niñez y tus travesuras infantiles e inocentes al contemplar el Belén y el árbol que, sin ningún tipo de variación, tus abuelos rescatan del altillo para que participen por unos días de la vida casera que les rodea...
Descorchar la botella de cava y sentir en la garganta el jugoso burbujeo de la refrescante bebida navideña, tras brindar y pedir por todos aquellos a los que quieres...
Deslizarse por la pista de hielo con tus amigos, mientras sus risas, sus bromas, sus pequeños tropiezos y caídas, su incondicional apoyo para que no seas tú la que cae al frío, te rodean y se graban en tu recuerdo...
Encontrar debajo del árbol unos regalos que, solo pensando en tí, los Reyes Magos han querido obsequiarte para que nunca pierdas la ilusión o la esperanza y te sientas, de nuevo, como un niño, quienes son los creyentes incondicionales de todo lo que conforma su mundo...
Contemplar el resplandeciente rostro de los más pequeños al vitorear la cabalgata del cinco de enero, y darte cuenta de que cuando eras como ellos tú también te dejabas la piel en cada instante vivido, y no en planes futuros o recuerdos del pasado...
Enlazar con orgullo alrededor de tu muñeca aquella pulsera de color rojo que tu abuela te regaló hace ya tiempo, para empezar el nuevo año con una prenda del color de la suerte... 
Congregarse alrededor de la televisión y tomar doce uvas en familia, pensando de verdad que si el ritual se lleva a cabo de la forma adecuada viviremos después el mejor año de nuestras vidas...
Volver a ver Love Actually por enésima vez, a modo de invocación para que también tú vivas una de esas historias de amor, terrenales pero a la vez cargadas de magia...
Degustar el sabor tradicional del turrón, de la torta, de los mazapanes, del calendario de chocolate, del roscón, que sabes que sólo vas a probar por esas fechas aunque no entiendas del todo el motivo...
Recibir las felicitaciones de los amigos que conservas en otros lugares, quienes con ello te insuflan un gran regocijo pues sabes que han pensado en tí, que no te olvidan, que de alguna forma te tienen presente en esos momentos tan personales del año, de la misma forma que tú les tienes presentes a ellos...

Al margen de lo que la Navidad significa para los creyentes, ésta es una época especial para todo el mundo, o casi, pues de alguna forma, sea por el aura de ilusión que se respira en el ambiente, sea por las reuniones y reencuentros, algo sucede en estas fechas... Algo mágico, algo inexplicable que nos lleva a comportarnos de distinta manera a la que estilamos el resto del año. No sé qué será, pero definitivamente, es algo especial y único... No nos resistamos a ello. No le pongamos barreras. No cerremos la puerta a este ánimo renovador. Dejemos que ésto nos invada por completo,  pues es una forma de recargar las pilas y las fuerzas para empezar el próximo año de una forma mejor, o, al menos, limpia de las cargas que arrastrábamos del año anterior... 
Yo creo que se trata de la mezcla que acabo de describir, esa miscelánea de sensaciones que únicamente se viven por estas fechas pero que nos hacen renacer y depurar nuestros demonios... Dejo el debate abierto... ¿creéis que me he dejado alguna otra experiencia que se cuela en nosotros por estas fechas y que es importante para comenzar otra página del libro de nuestra vida?

Tras toda esta complicada reflexión navideña (me siento nostálgica estos días) os deseo felices fiestas y próspero año nuevo... de corazón. Os añado además un vídeo que BBC preparó en octubre para felicitar las navidades, y que utilizando el famoso tema de The Beach Boys, God Only Knows,  y a numerosos cantantes reconocidos, consiguió llegar a sorprendernos por su variedad y por su imaginativa fotografía, que transmite esa ilusión e inocencia que alberga la connotación de la palabra Navidad.



miércoles, 3 de septiembre de 2014

Regreso al presente...

¡Saludos, queridos lectores! Han pasado varios meses desde mi última entrada, pero vuelvo con más ganas e ilusión que nunca, y con la intención de retomar mi hobby favorito de una vez por todas, tras este vasto período de silencio. No os voy a mentir, a punto estuve de tirar la toalla por varias razones. Estaban los exámenes finales, el aislamiento cibernauta que me es impuesto cada verano, etc. Entonces, llegó septiembre y me encontré con que desde finales de abril no había añadido ningún post a mi querido blog… Pero lejos de darlo todo por perdido, regreso con las pilas cargadas del punto y seguido que ha supuesto este verano, y con enormes ganas de seguir compartiendo con vosotros un poco de mí y de las cosas que me conmueven, que me impresionan, que me llaman la atención. Al fin y al cabo, traducir en palabras mis pensamientos e ideas es de lo que más me gusta hacer en este mundo...
Espero que hayáis disfrutado del verano y os agradezco que, a pesar del tiempo que ha pasado desde mi última entrada, sigáis ahí, compartiendo vuestro tiempo con Una pizca de… y conmigo. Ahora empieza otro “semestre” más en la Blogosfera, así que solo me queda decir “¡a por todas!” y despedirme con uno de los geniales vídeos del youtuber “HolaSoyGermán” en el que habla sobre el colegio de una forma un poco diferente a la que estamos acostumbrados… Aunque yo no soy muy fan de los populares canales de Youtube que ahora están tan de moda entre los de mi generación, debo reconocer que Germán analiza las cosas simples de la vida de una forma desternillante, y que sus vídeos tienen esa chispa especial que consigue atraer a los espectadores a la primera... Con ello espero animar un poco desde aquí a todos aquellos que por estas fechas comienzan a retomar su rutina cotidiana: “Come on, we can!” 


jueves, 24 de abril de 2014

Buceando por aguas profundas... y desconocidas

Jamás había prestado especial atención al fenómeno Tarantino. Jamás se me había ocurrido echar siquiera un vistazo a una de sus obras maestras, supongo que debido a sus escenas violentas y a la frecuente aparición de su elemento favorito: la sangre, preferiblemente a raudales. 
Por ello, cuando nos pusieron Django Unchained (Django Desencadenado) en la clase de inglés, no pude evitar sorprenderme y, a los cinco minutos, pegar un salto en la silla. ¡No puede haber tanta sangre en el cuerpo humano! ¡No es posible! 
Las escenas cruentas aparecen por doquier, y más de una vez tuve que apartar la mirada, debido a la explícita y cruda pelea de los mandingos, al ataque despiadado al esclavo fugitivo, a los asesinatos de los criminales, al tiroteo final... Después de todo, ya sabemos que Tarantino no se distingue por defraudar a sus fans con películas suaves y "para todos los públicos"...
Sin embargo, he intentado juzgar mi iniciación al cine de Tarantino (aunque ya haya cubierto el cupo por bastante tiempo) desde otra perspectiva.
La película, a decir verdad, y exceptuando las escenas que evité mirando el reloj de clase, me ha encantado. 


Ambientada en el lejano Oeste americano, este moderno spaghetti western narra la historia del esclavo Django (Jamie Foxx), quien es liberado por un cazarrecompensas, el doctor King Schultz (Christoph Waltz). A cambio, el doctor le pide que identifique a unos criminales, antiguos dueños de Django. Tras asesinar a los delincuentes, pues el perspicaz Schultz prefiere llevarlos muertos que vivos, Django y él se asocian durante el invierno para buscar juntos a los forajidos de la justicia, a cambio de que, después, Schultz ayude a Django a encontrar a Broomhilda (Kerry Washington), su esposa desaparecida. Esta búsqueda les lleva a la mansión de monsieur Calvin Candie (Leonardo DiCaprio), un desconfiado y sádico terrateniente que se erguirá como principal obstáculo entre Django y su esposa, entre Django y su libertad. 
Ante la duda de si es ésto un simple western de aventuras (como prefiere llamarlo Tarantino, un "southern"), o una crítica al vergonzoso pasado esclavista americano, el director aclara que, en efecto, pretendía hacer ambas cosas: imitar los admirados spaghetti western de Sergio Leone o Corbucci, y, por otra parte, enfrentar a los americanos a lo que fue su propio Holocausto, la esclavitud.
La película ha sido alabada por los mejores críticos, y ya ha recibido dos Globos de Oro y dos Oscar, en las mismas categorías: Mejor Guión y Mejor Actor de Reparto para Christoph Waltz. 
A mí me han gustado especialmente cuatro aspectos que pocas películas consiguen aglomerar: una gran banda sonora, una fotografía impresionante, un guión irónico y brillante, y un reparto de lujo, más que por su fama, por su calidad.
El fondo musical, de gran peso en cualquier film, nos acerca a un verdadero western americano y salvaje, con canciones de Ennio Morricone, Jim Croce, Ray Charles, James Brown... esta mezcla de temas clásicos pero diferentes dota, a la vez, de gran personalidad al film, distinguiéndolo del resto de películas de vaqueros, pues no todos los western contienen una variedad musical tan rica y atractiva.
En lo relativo a la fotografía, es sencillamente magnífica. A lo largo de la cinta se dejan ver montañas nevadas, atardeceres deslumbrantes, plantaciones de algodón inmensas... todo ello supone una explosión de color y belleza que incluso podría compararse con los innovadores filmes de John Ford. El vestuario y la caracterización del lejano Oeste es envidiable, y los inesperados close-up o primeros planos que Tarantino graba para presentarnos a los personajes alimentan la sensación de estar allí, junto a Django (a veces demasiado cerca de Django...)
El guión es lo mejor de la película, sin lugar a dudas, y se merece todos los premios que ha recibido. Tarantino, aunque me parece un fan incondicional de la violencia cinematográfica, he de reconocer que se esmera al escribir sus películas, ya que la ironía, el humor, la inteligencia, y la personalidad se palpan por todas partes, y te dejan, como mínimo, con la boca abierta. Además, cada personaje está desarrollado con una magnífica precisión, ya sea en su forma de hablar, de comportarse, de actuar... Varios ejemplos de ello son el acento alemán del doctor, la incorrecta gramática que hablan los esclavos, las expresiones refinadas de "monsieur" Candie, la actitud hosca de los delincuentes más buscados... Tarantino no da puntada sin hilo, y realmente ha conseguido reflejar con verosimilitud la sociedad del "lejano oeste", creando una de las películas mejor ambientadas que he visto nunca.
Por último, el reparto. Bueno, con solo mencionar el casting ya se explica el enorme éxito de la película: el atractivo Jamie Foxx, el oscarizado Christph Waltz, el tremendo DiCaprio, el veterano  Samuel L. Jackson... todos gigantes de la interpretación.

Aunque vuelvo a decir que el film me resultó muy violento, y que hubo partes que no pude resistir, he de reconocer que, para ser mi primera experiencia con Tarantino, éste me ha parecido extraordinario, y que ésta película quizás suponga un cambio en mi forma de ver cine. Recomiendo Django Desencadenado, especialmente la versión original (siempre por encima de cualquier doblaje), a todos los admiradores de Tarantino; a los que dudan si podrían soportar sus fuertes escenas les digo: ¡son todo muñecos, nadie puede sangrar así! 


jueves, 17 de abril de 2014

Icona Pop

Estos días la calle era salpicada por unos agradables y refrescantes rayos de sol primaverales, estación que ya comienza a palparse a nuestro alrededor. Los días se hacen más largos, la temperatura sube, los largos paseos bajo la brisa del atardecer son más apetecibles, y las fiestas del sábado noche comienzan a aceptar colores más vivos y electrizantes que los grises que vestíamos en invierno... Ese mejunje multicolor que calienta nuestras venas desde el agradable mes de abril, tan temido por los profesores, comienza a multiplicarse y a tomar el control de nuestro cuerpo. ¿Y qué marchoso dúo consigue, con sus ritmos sorprendentes y llenos de energía, animar hasta  las más aburridas pistas de baile? Las recién estrenadas Icona Pop.


Con solo dos discos a sus espaldas, ya se han hecho un hueco en las listas mundiales de éxitos pop, con su "All night" , "Girlfriend" o "I love it", que versionaron las Nancys Rubias con su famoso "Me encanta". 
Y es que, realmente, estas dos amigas suecas sí que lo valen...  
Por un lado, sus canciones son símbolo de la alegría y ganas de pasarlo bien que desata la primavera, con sus ritmos electrónicos, giros inesperados, y ambiente fiestero. Las voces de Aino Jawo y Caroline Hjelt, perfectas rompedoras del silencio, nos despiertan de la hibernación y hacen mover nuestros cuerpos al ritmo de la nueva estación que llega, cargándonos de un renacido optimismo, ilusión y, en fin, de un nuevo bronceado musical para nuestras pieles cada vez más morenas...
Por otra parte, la estética del dúo Icona Pop es electrizante, moderna, y muy a tono con sus dinámicas canciones pop... de hecho, en el videoclip de "All Night", que acompaña a este post, podemos comprobar cómo unos muy diversos bailarines compiten en un colorido concurso por ser los más llamativos, los más originales... todo brilla con estilos diferentes, con peinados distintos y ropas que distan de parecerse. Es todo ello una explosión de personalidad que nos deja con la boca abierta.
Dejémonos llevar, pues, por Icona Pop y su estilo,  muy acorde con esta nueva primavera que nos aguarda, salpicándonos de su sentimiento juvenil y de su grito a la diversidad.